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Quién calla, otorga

“La búsqueda de la paz necesita políticos con mucha creatividad. 
La paz y la violencia tienen que ser vistas en su totalidad, 
a todos los niveles de la organización de la vida” 

Johan Galtung (1930) Sociólogo y matemático noruego.

En Ciudad Juárez (Estado de Chichahuahua, México) se mata y se calla aún más. ¿Las víctimas? Mujeres, jóvenes, madres solteras,  que tras el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (1994) se vieron favorecidas a salir de sus casas y trabajar en las ‘maquilas’ (empresas manufactureras que, al ser libre de aranceles, se aprovechan de la mano de obra barata y la cercanía con los EE.UU). ¿Quiénes ejercen la violencia? Hombres, que siendo o no las parejas sentimentales, matan a mujeres por el hecho de ser mujeres. Sin motivo, remordimiento: no sólo matan, asesinan. Muchos de ellos, organizados en los llamados ‘cárteles’, bandas criminales dedicadas al tráfico ilegal de drogas y armas. Lo más inhumano, ¿quién calla? El Estado y, por ende, el sistema político y judicial del país. Así, nos enfrentamos al ‘feminicidio’, un caso grave de violencia estructural, entendida por el daño social en la satisfacción de las necesidades humanas básicas (supervivencia, bienestar, identidad o libertad) como resultado de los procesos de estatificación social. Es decir, el asesinato a mujeres en Ciudad Juárez se ha acabado normalizando. No disponemos de datos oficiales por la propia impunidad del Estado, pero la violencia en México forma parte de la ciudadanía.

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Estoy ‘en línea’, contrólame

En la última década se ha producido la culminación y asentamiento de Internet en nuestras vidas. Podemos controlar infinidad de tareas de nuestro ámbito personal desde un teléfono móvil inteligente: comprar entradas de espectáculos o billetes de avión, programar la calefacción por control remoto, calcular los km andados…Tenemos la necesidad de tenerlo todo controlado, tanto que, muchos hombres se ayudan de las nuevas tecnologías y redes sociales para ejercer un control consciente y constante a sus mujeres, tratándose a nivel extremo, de una nueva forma de violencia de género. Por lo tanto, a la violencia física y psicológica, hay que añadirle ésta última basada en mecanismos de control, dependencia y sumisión de la mujer mediante la comunicación virtual.

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